Archivado en: Cámpings | Etiquetas: Autocaravana, bungalow, camping con perro, campismo, caravana, caravaning, cámping, movil home, Pirineo, viajar con perro
En casa, con mi mujer, a veces hablamos del cámping tal o del cámping cual pero de vez en cuando nos referimos simplemente a El Camping. Cuando nos expresamos así, los dos sabemos que nos referimos al Camping Abadesses. No es el establecimiento en que nos estrenamos en este mundo del campismo. Tampoco en el que más tiempo hemos estado. Mucho menos el de más lujo o el mejor dotado de instalaciones. Pero se ha ganado ser El Cámping.
Se halla situado, como seguramente habréis imaginado por el nombre, en St. Joan de les Abadesses, Girona (Sn. Juan de las abadesas, Gerona). A medio camino entre este municipio y St. Pau de Segúries, cerca de donde la carretera enlaza con el desvío a Olot y unos metros apartado de la calzada, escondido detrás de un montículo, encontramos una ladera dividida en terrazas y rodeada de bosque; allí esta El Camping.
Es un establecimientto de 2ª categoría cuyo encanto radica principalmente en la tranquilidad que se respira cuando se está en él, el trato familiar que te brindan los propietarios y los demás usuarios y el entorno maravilloso que lo rodea.
Sin salir del recinto puedes dar paseos por bosques de abetos, pinabetos y otras muchas especies de árboles. En la parcela casi siempre sueles gozar de un envidiable silencio que invita al descanso. Silencio que solo se ve interrumpido, a veces, por el sonido de los cencerros de algunas vacas que pastan en los campos adyacentes o por el canto de aves al amanecer y atardecer. De hecho, las vacas pastan o lo intentan, a veces, dentro del mismo cámping.
También los mediodías de verano emite un cierto sonido de discreta algarabía la piscina, única instalación de recreo del establecimiento, aunque con frecuencia, como le ocurre en la foto a la Sra. Bambina, se puede disfrutar de un baño tranquilo y placentero. Pero eso sí: ¡con el agua fría!
Cuando te hallas alojado en El Camping tienes garantizado el placer. Da igual la temporada que sea porque Los Pirineos simpre son bonitos. Siempre se muestran generosos ofreciendo sus encantos a los visitantes.
En verano, el calor del día se ve mitigado por la sombra de los árboles y es fácil encontrar rincones en los que refrescarse y descansar. Por las noches, la bajada de la temperatura propicia un sueño relajado y tranquilo. En setiembre, cuando empieza a decaer, se puede almacenar para ir consumiéndolo durante el resto del año. No hay más que recoger las moras que ofrecen los zarzales. No se acaban nunca. Hay por todas partes y si uno se toma la molestia de soportar los pequeños pinchanzos y algún que otro arañazo que nos propinan al menor descuido cuando acercamos la mano, obtiene los frutos suficientes para confeccionar una mermelada que durará hasta el año siguiente y que cada vez que la degustemos nos llenará la boca de estío.
En otoño, el cambio cromático de la vegetación, desde el verde serio y maduro hasta el marrón oscuro, casi negro, pasando por la extensa gama de ocres y rojizos que adquieren las hojas tanto cuando aun están pendidas de las ramas como cuando forman tapices sobre el suelo, regalan la vista y tranquilizan el espíritu. Los paseos por la inumerable cantidad de senderos y caminos en busca de setas son gratificantes para el alma y, por supuesto, para el estómago, a la vuelta, tras cocinar lo recolectado.
El invierno es austero allí. El frío se hace sentir y advierte que las montañas admiten pocas bromas si es que admiten alguna. Se puede disfrutar de ellas a cambio de tratarlas con el debido respeto. Y si así se hace la recompensa es grande. Es imposible describir la grandeza y la bellaza de aquellas moles teñidas de blanco. Los aficionados a esquiar encuentran en este tiempo su paraíso en esa zona.
¡Y la primavera!
Desde febrero, aun sometidos a los rigores invernales, en que los almendros y alguna mimosa nos anuncian que la estación de la fecundidad entá de camino, anhelamos su llegada. A finales de marzo y durante abril van apareciendo flores por todos los rincones, cada una de un color diferente. Unas son sgrandes y otra pequeñas. Unas están perfumadas y otras no. Pero entre todas van llenando los campos y los bordes de los caminos y carreteras hasta que por fin llega mayo. Entonces explota la naturaleza. El mejor y más grande de los castillos de fuegos de artificio se convierte en una nimiedad comparado con lo que allí ocurre. De pronto se da cuenta uno de que todo se halla invadido de luz y de que esa luz refleja todos los colores del arco iris. Las amapolas que se habían empezado a dejar ver tímidamente en alguna cuneta, tiñen ahora de rojo los campos en barbecho y por doquier se ven pequeñas corrientes de agua que, procedentes del deshielo, riegan y hacen crecer a todo el reino vegetal que se adueña del menor trozo de tierra.
A veces pienso que es el entorno y no El Cámping en sí lo que me fascina pero después me doy cuenta de que no es así pues he estado en otros situados en la misma comarca y no se ha dado la magia.
Si os gusta la calma y la tranquilidad, si queréis descansar, si podéis prescindir del lujo pero no queréis renunciar a la confortabilidad y la comodidad, id allí.
Podéis llegar con vuestra caravana y ocupar una parcela o albergaros en un bungalow de madera o, si lo preferís, alquilar una casa rural o un apartamento de los que también dispone.
Pero eso sí ¡por favor! No estropeéis aquellas montañas. No las ensuciéis ni las llenéis de ruidos inútiles.
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